jueves, 7 de septiembre de 2017

¡LLUVIA DE CODORNICES EN MADRID!



Nuestra protagonista: Coturnix coturnix
7 de septiembre de 1907. El cielo de Madrid se cubre de un manto de nubes grises que anuncian lluvia, y lluvia es lo que darán, pero no una lluvia cualquiera… algo será distinto ese día. En las inmediaciones del Palacio Real, los viandantes corrían para ponerse a cubierto. De repente, un hombre vio caer la primera gota, que conforme se acercaba al suelo tenía mayor tamaño, parecía algo sólido. Era una gota de lluvia grande, de color pardo, con pico y plumas. Era una codorniz. El hombre contempló sorprendido el cuerpo del ave en el suelo. Un grupo de curiosos se aproximó a observar la escena sin dar crédito.

Segundos después, el cielo comenzó a crepitar, los curiosos alzaron la vista y lo que vieron aún les sorprendió más: decenas de codornices se precipitaron contra el suelo de la Plaza de Oriente. Los viandantes huyeron esquivando picos y garras afiladas, tratando de evitar que los cuerpos de aquellos pájaros impactasen contra sus cráneos. Cuando la lluvia cesó, sobre el suelo de tan regia plaza descansaban los cuerpos sin vida de cientos de codornices. Lo que al principio pareció ser un problema, enseguida se convirtió en un posible banquete para los afortunados madrileños.
Aquello no era algo nuevo, tan sólo un año antes la misma escena había ocurrido también en las calles de Bilbao, y antes aún en Valencia. Y es que tal fenómeno tiene una explicación científica: cuando las masas de aire frío que empiezan a llegar del Norte en el mes de septiembre chocan contra las cálidas masas de nuestro amado Mediterráneo, se forman fortísimas corrientes de aire, remolinos y tornados y demás fenómenos que son capaces de desplazar los pequeños y frágiles cuerpos de aves a varios kilómetros de distancia. Así les ocurrió a nuestras desafortunadas protagonistas, que vieron interrumpida su migración por una de estas corrientes que fue a parar a la madrileña plaza.
Grabado del siglo XVI que muestra una lluvia de peces

Y no pensemos que las lluvias de animales se circunscriben al pequeño mundo de la codorniz. A lo largo de la Historia tenemos testimonios de lluvias de todo tipo de especies: en Estados Unidos llovieron ranas y serpientes, en Singapur peces, arañas en Argentina, cangrejos en Australia… y así decenas de casos constatados en la prensa de todas las épocas y geografías. Y es que, igual que estas corrientes y remolinos capturan animales al vuelo, también pueden elevarlos desde la tierra o el mar… quizás ahora nos tomemos más en serio películas como Sharknado… La próxima vez que oigas tronar, ponte a cubierto, pero sobre todo, prepara el puchero y los cubiertos, pues quizás tengas la cena resuelta.

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