jueves, 15 de diciembre de 2016

UNA MOMIA DE PAPA... ¡EN EL BANQUILLO!


Y esa momia juzgada era la del PAPA FORMOSO. (aunque se desconoce la fecha de su nacimiento, se sabe que murió el 4 de abril del 896).

                       Formoso fue el Papa número 111 de la Iglesia Católica, que gobernó desde el 891 hasta el 896.

                       Todo este revuelo se organizó después de que el Papa Formoso coronara a ARNULFO DE BAVIERA. como emperador del Sacro Imperio en lugar de LAMBERTO DE SPOLETO. , que también reclamaba el mismo derecho. Tiempo después Lamberto tomó el control de Roma y se erigió en emperador a la vez que apoyaba a BONIFACIO VI. para suceder al Papa Formoso fallecido.

                    Éste, agradecido, organizó lo que se denominaría el CONCILIO CADEVÉRICO., sacando de su mortaja a su antecesor y ordenando que fuera juzgado. Los cargos contra el Papa fallecido eran tan peregrinos como, por ejemplo, haber abandonado una diócesis por otra.

                   El concilio se celebró en la basílica Constantiniana y para tan magna ocasión se vistió a la momia, o más bien a lo que quedaba de ella, con los ornamentos papales y se la acomodó en el trono para que "siguiera atentamente" todo el proceso.

                  La "mortaja" no se pudo defender y se la consideró culpable de todos los cargos de los que se la acusaba. De inmediato se la despojó de sus vestiduras y ornamentos, se le arrancaron (de lo que quedaba de la mano) los tres dedos con los que impartía las bendiciones papales y se la enterró en un lugar secreto pero alejado de los demás pastores de la Iglesia. Tiempo después TEODORO II. restituiría a Formoso como Papa y volvería a ser enterrado en la basílica de San Pedro.

                 Lamentablemente para la momia de Formoso el nombramiento del papa SERGIO III. vino a romper su tranquilidad. El nuevo Papa volvió a sentar a lo poco que quedaba de Formoso y le realizó un segundo juicio que lo consideró de nuevo, cómo no, culpable.

                Los restos del papa Formoso fueron arrojados esta vez al río Tíber para que desaparecieran de la faz de la tierra, pero la suerte ayudaría a la viajera momia, que se quedó atrapada en las redes de un pescador que la protegió escondida y la devolvió a Roma tras la muerte de Sergio III. Desde entonces los restos de Formoso descansan en el Vaticano a la espera, eso sí, de que a algún otro Papa le dé por juzgarlo de nuevo y quién sabe... ¡Puede incluso ganar el juicio! ¡Descanse en paz!.

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