miércoles, 20 de junio de 2018

EL MISTERIOSO PRESTE JUAN






Durante la Edad Media existió una leyenda, que se difundió de manera especial a partir de siglo XII, en la que se decía que había un reino cristiano en Asia. Este reino lo habría fundado el Preste Juan, un descendiente de los Reyes Magos que al morir volvía a renacer de sus cenizas. 

Se buscó por toda Asia central y después se identificó con Etiopía, el único reino de la costa oriental africana que era cristiano, y donde todavía hoy existen comunidades que practican esta religión. 

Se decía que el Preste Juan era un sacerdote nestoriano y sin duda se debe a los cruzados la difusión de este personaje, en el que creían firmemente, y del que esperaban su ayuda para la conquista de los Santos Lugares. 

La leyenda pudo deberse también a que, cuando los mongol es conquistaron China en el siglo XIII, el nestoriasnismo renació en el norte del país. La familia del Gran Khan fue, en parte nestoriana, lo que dio lugar a la creencia del reino cristiano en Asia. Aunque el Preste Juan nunca, que se sepa, existió, en Europa se le consideraba un rey lejano pero cierto y los portugueses, en su deseo de contactar con él, lograron no pocos descubrimientos geográficos. Ellos lo llamaron Preste Juan de las Indias. 

Y veamos de qué manera el Preste Juan ayudó a los lusos a conseguir alcanzar tierras desconocidas. En 1415, el príncipe Enrique el Navegante, tercer hijo del rey portugués Juan I, combatió en la toma de Ceuta. Aunque sólo tenía 21 años comprendió que si bien su país no tenía la fuerza necesaria para emprender la conquista de un espacio como Marruecos, sí cabía la posibilidad de establecer relaciones comerciales fructíferas en la zona si lograba unos conocimientos marineros que le permitieran llegar y operar allí. Esclavos, oro y pimienta eran las mercancías que podría obtener desde su origen, al tiempo que pactando una alianza con el Preste Juan, lograrían que el norte de África y Tierra Santa retornasen al cristianismo. Esa extraña combinación de ideales y comercio era muy frecuente en la época, sin que se sintiera la menor repulsa moral entre la horrible trata de esclavos y la difusión de fe. Como tampoco había contradicción entre que el príncipe Enrique crease en Sagres un escuela para marinos y estudiantes de geografía, con los mejores y más actualizados conocimientos sobre estas materias que existían en la época, y la búsqueda de un reino que nadie había localizado con un monarca que nadie había visto jamás. 

En sus viajes exploratorios en pos del Preste, los portugueses demostraron ser unos grandes navegantes. Se establecieron en los archipiélagos Madeira y Azores, situados frente a la costa de África y en 1434 rebasaron el cabo Bojador. Ocho años después llegaron hasta el río Congo y regresaron con un cargamento de esclavos. En 1445, llegaron a Cabo Blanco y Cabo Verde. 

En 1460 murió Enrique el Navegante, y las expediciones frenaron su expansión, pero en 1473, Lopo GonÇalves cruzó el Ecuador. iY allí se produjo el milagro! Volvió siendo igual a como se había ido, pues se creía que el que rebasase esta línea geográfica ardería vivo o se tornaría negro. 

España e Inglaterra comenzaron también a querer explorar y negociador en tierras desconocidas y Portugal que había sido la pionera en estos viajes recurrió al arbitrio papal. Según la teología medieval, el Papa como representante de Dios en la tierra, era señor de la tierra entera. 

Pero por si, si o por si no, el rey Juan II decidió enviar a Diego Cao, Bartolomeu Días y Alfonso de Paiva a que continuasen las exploraciones africanas y en 1487 doblaron el Cabo de Buena Esperanza, conocido antes como el Cabo de las Tormentas por las muchas que allí se producían. 

Pero Da Covilha, otro portugués, recibió el encargo de llegar a la India a través de Arabia en busca de las cotizadas especias, y de paso, a ver si encontraba al Preste Juan que no aparecía localizable en ninguna de las tierras que se iban conociendo. Llegó a Calicut, en la costa occidental de la India. Hasta allí arribaban mercaderes chinos que comerciaban con seda y porcelanas. No fue el primer europeo en esos lugares, pero sí fue el primero que encontró una nueva ruta y, casi con toda seguridad, descubrió que el océano índico conectaba con el Atlántico Sur. 

El sucesor de Juan II, el rey Manuel continuó en esa misma línea que alentaba las expediciones, y eligió a Vasco de Gama para que prosiguiese por el camino que abriera Días. El 8 de julio de 1497 Vasco de Gama zarpó de Lisboa y tras un viaje de seis meses y unos seis mil kilómetros de navegación llegó a la bahía de Santa Helena, al norte de la actual Ciudad del Cabo. Continuando con su periplo tocó los puertos de Mombasa y Malindi. En este último encontró a una comunidad de hindúes y a la vista de la hostilidad con que eran tratados por los musulmanes, los tomó por cristianos. iEI reino del Preste Juan no podía ya estar lejos! Y este error de bulto le animó a seguir con su misión. 

Vasco fue el primer europeo en atravesar el índico y al llegar a la India, a Calicut, volvió a confundir a los hindúes con los cristianos. Las diosas indias le parecieron las imágenes de la Virgen María y los numerosos dioses, representaciones de los santos, que tenían formas diferentes a tal como se les esculpía en Europa, pero, al fin y al cabo, objeto de culto por aquellos lejanos "cristianos". 

Comercialmente no puede decirse que el viaje fuera un éxito, por lo que se decidió el regreso hacia Lisboa, a donde arribó en septiembre de 1499. Vasco de Gama había estado viajando más de dos años y había recorrido el equivalente a 45.000 kilómetros. De los ciento sesenta tripulantes que partieron regresaron sólo cuarenta y cuatro. Los portugueses solían mantener en secreto sus expediciones, pero cuando el viaje de Vasco de Gama se conoció en Europa, causó verdadera sensación, y no era para menos. 

El Preste Juan y su reino no se habían encontrado. Era otra leyenda medieval que se hacía añicos, pero sirvió para el conocimiento de nuevas tierras y para la realización de auténticas proezas que siguen provocando la admiración y el respeto hacia aquellos hombres que, llevados de unos ideales en ocasiones tan difusos, se embarcaban en aventuras cuyo fin desconocían. 

Y si alguien quiere conocer más sobre el Preste Juan, Umberto Eco ha escrito una hermosa fabulación sobre este personaje también de fábula: Baudolino . La narración cuenta el viaje de distintos personajes tras del mítico Preste, con un sinfín de aventuras y desventuras.

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