lunes, 8 de mayo de 2017

RASPUTÍN, A LA CUARTA VA LA VENCIDA.




                              Grigori Yefímovich Rasputin fue un místico ruso, un extraño y misterioso personaje que llegó a ser confidente de la familia real rusa gracias a sus especiales dotes para calmar y curar al hijo del zar de Rusia: el zarévich Alexei, emfermo de hemofilia.

                              La influencia que este personaje llegó a ejercer sobre la familia real rusa fue tan importante que no había nombramiento o destitución de cargos e incluso de ministros que no hubieran sido aconsejados por él. Este hecho levantó grandes envidias y odios entre la clase aristocrática, que incluso tramaron su asesinato.

                              Rasputín fue invitado a palacio una noche de diciembre de 1916 por un grupo de aristócratas, entre los que se encontraba el príncipe Yusupov y el gran duque Dmitri Pavlovich (uno de los pocos Romanov que conseguiría escapar de la muerte durante la Revolución) con el pretexto de encontrarse con la sobrina del zar. Una vez allí lo agasajaron con vino y con dulces (que llevaban dosis de cianuro potásico capaces de acabar con la vida de cinco personas juntas). Las pastas de te no fueron suficientes para acabar con la vida del místico por lo que el príncipe Yusupov sacó la pistola y le disparó. Convencido de que lo habían matado, avisó al resto de invitados. Cuando llegaron, observaron que incomprensiblemente Rasputín hacía ademanes de estar vivo. Aterrorizados, dos cómplices más dispararon como si estuviera inmunizado contra las balas. Sin saber muy bien como actuar, decidieron envolverlo en una manta y tirarlo a un río helado donde murió. Es curioso que sus pulmones estuvieran repletos de agua, lo que indicaba que seguía aún con vida cuando fue arrojado al río helado.

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