viernes, 10 de febrero de 2017

EL ÁRBOL YGGDRASILL.


 

Para los vikingos, los tres niveles del cosmos estaban conectados por un árbol llamado Yggdrasill. De él brotaban tres fuentes: la del saber, la del destino y la fuente de la que nacían todos los ríos de la Tierra. Bajo su sombra, los dioses celebraban su asamblea. Pero, desde su nacimiento, este árbol estaba condenado a la muerte, ya que sus raíces eran roídas por una serpiente y cuatro ciervos comían sus hojas.

La creencia vikinga decía que cuando Yggdrasill cayese llegaría el fin del mundo. El universo estaba dividido en tres mundos que se situaban en torno a este árbol. En Midgardr, la tierra media, habitaban los hombres. Los dioses vivían en Asgardr, mientras que los seres monstruosos estaban en Utgardr, espacio formado por un gran desierto de hielo.

Los habitantes de Utgardr se preparan para el Ragnarok, la gran batalla del fin del mundo. Esta se producirá después de un invierno que durará tres años, tras el cual el Sol y la Luna serán tragados por lobos. Entonces los seres de Utgardr atacarán Midgardr y Asgardr.

Los únicos supervivientes del Ragnarok serán el fuego y una pareja de humanos, Líf y Lifthrasir, que se habrían escondido en Yggdrasill. Ellos serán los encargados de repoblar el mundo.

El culto a los árboles o dendrolatría es un aspecto muy común en diferentes culturas. Se los puede considerar árboles de la vida o árboles sostenedores del mundo.

En otras culturas existe también este simbolismo del árbol cósmico, como entre los grupos chamánicos siberianos o en las culturas de Mesoamérica.

También en lo referido a la pareja de humanos encargados de poblar el planeta existen ejemplos en otras religiones. Es lo que ocurre en el judaísmo y el cristianismo con Adán y Eva o con la historia de Noé, que recibió según el texto bíblico el encargo de repoblar la tierra tras salvarse del diluvio junto a su familia, por lo que transportaba en el arca una pareja de cada animal.

 El dios Tyr, dios del cielo de las tribus germánicas, luchando con un animal encadenado, probablemente Fenrir (siglo VI e.C).

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