jueves, 21 de junio de 2018

EL MITO AZTECA DE LA CREACIÓN.



Los nahuas, un grupo de pueblos nativos de Mesoamérica cuyos ancestros fueron los aztecas, tenían varios mitos de la creación, resultado de la integración de distintas culturas.

El monstruo de la tierra
En uno de ellos, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl se dan cuenta de que los dioses se sienten vacíos y necesitan compañía. Por ello necesitan crear la tierra. Existía solo un inmenso mar, donde vivía el monstruo de la tierra. Para atraerlo, Tezcatlipoca ofrece su pie como carnada y el monstruo sale y se lo come. Antes de que se pueda sumergir, los dos dioses lo toman, lo estiran para dar a la tierra su forma. Sus ojos se convierten en lagunas, sus lágrimas en ríos, sus orificios en cuevas. Después de eso, le dan el don de la vegetación para confortar su dolor. Y posteriormente se da a la tarea de crear a los primeros hombres.
Quetzalcoatl Tezcatlipoca
La leyenda del quinto sol
Según otro mito conocido como "La leyenda del quinto sol", en el principio, todo era negro, sin vida, muerto. Los Dioses se reunieron en Teotihuacan planteándose la cuestión de quién tendría la carga de crear al mundo, para lo cual uno de ellos se tendría que arrojar a una hoguera. Dos de ellos fueron seleccionados como víctimas para tal fin.
Sin embargo el más fuerte y vigoroso, al momento de lanzarse a la hoguera, retrocede ante el fuego; por lo que el segundo, un pequeño dios, humilde, se lanza sin vacilar al fuego, convirtiéndose en el Sol. Al ver esto, el primer dios, sintiendo coraje, decide arrojarse a la hoguera, convirtiéndose en la Luna.
Aun así, los dos astros siguen siendo inertes en el cielo y es indispensable alimentarlos para que se muevan. Entonces otros dioses deciden sacrificarse y dar el "agua preciosa" que es necesaria para crear la sangre. Por lo tanto, se obliga a los hombres a recrear eternamente el sacrificio divino original.
quinto sol

miércoles, 20 de junio de 2018

EL MISTERIOSO PRESTE JUAN






Durante la Edad Media existió una leyenda, que se difundió de manera especial a partir de siglo XII, en la que se decía que había un reino cristiano en Asia. Este reino lo habría fundado el Preste Juan, un descendiente de los Reyes Magos que al morir volvía a renacer de sus cenizas. 

Se buscó por toda Asia central y después se identificó con Etiopía, el único reino de la costa oriental africana que era cristiano, y donde todavía hoy existen comunidades que practican esta religión. 

Se decía que el Preste Juan era un sacerdote nestoriano y sin duda se debe a los cruzados la difusión de este personaje, en el que creían firmemente, y del que esperaban su ayuda para la conquista de los Santos Lugares. 

La leyenda pudo deberse también a que, cuando los mongol es conquistaron China en el siglo XIII, el nestoriasnismo renació en el norte del país. La familia del Gran Khan fue, en parte nestoriana, lo que dio lugar a la creencia del reino cristiano en Asia. Aunque el Preste Juan nunca, que se sepa, existió, en Europa se le consideraba un rey lejano pero cierto y los portugueses, en su deseo de contactar con él, lograron no pocos descubrimientos geográficos. Ellos lo llamaron Preste Juan de las Indias. 

Y veamos de qué manera el Preste Juan ayudó a los lusos a conseguir alcanzar tierras desconocidas. En 1415, el príncipe Enrique el Navegante, tercer hijo del rey portugués Juan I, combatió en la toma de Ceuta. Aunque sólo tenía 21 años comprendió que si bien su país no tenía la fuerza necesaria para emprender la conquista de un espacio como Marruecos, sí cabía la posibilidad de establecer relaciones comerciales fructíferas en la zona si lograba unos conocimientos marineros que le permitieran llegar y operar allí. Esclavos, oro y pimienta eran las mercancías que podría obtener desde su origen, al tiempo que pactando una alianza con el Preste Juan, lograrían que el norte de África y Tierra Santa retornasen al cristianismo. Esa extraña combinación de ideales y comercio era muy frecuente en la época, sin que se sintiera la menor repulsa moral entre la horrible trata de esclavos y la difusión de fe. Como tampoco había contradicción entre que el príncipe Enrique crease en Sagres un escuela para marinos y estudiantes de geografía, con los mejores y más actualizados conocimientos sobre estas materias que existían en la época, y la búsqueda de un reino que nadie había localizado con un monarca que nadie había visto jamás. 

En sus viajes exploratorios en pos del Preste, los portugueses demostraron ser unos grandes navegantes. Se establecieron en los archipiélagos Madeira y Azores, situados frente a la costa de África y en 1434 rebasaron el cabo Bojador. Ocho años después llegaron hasta el río Congo y regresaron con un cargamento de esclavos. En 1445, llegaron a Cabo Blanco y Cabo Verde. 

En 1460 murió Enrique el Navegante, y las expediciones frenaron su expansión, pero en 1473, Lopo GonÇalves cruzó el Ecuador. iY allí se produjo el milagro! Volvió siendo igual a como se había ido, pues se creía que el que rebasase esta línea geográfica ardería vivo o se tornaría negro. 

España e Inglaterra comenzaron también a querer explorar y negociador en tierras desconocidas y Portugal que había sido la pionera en estos viajes recurrió al arbitrio papal. Según la teología medieval, el Papa como representante de Dios en la tierra, era señor de la tierra entera. 

Pero por si, si o por si no, el rey Juan II decidió enviar a Diego Cao, Bartolomeu Días y Alfonso de Paiva a que continuasen las exploraciones africanas y en 1487 doblaron el Cabo de Buena Esperanza, conocido antes como el Cabo de las Tormentas por las muchas que allí se producían. 

Pero Da Covilha, otro portugués, recibió el encargo de llegar a la India a través de Arabia en busca de las cotizadas especias, y de paso, a ver si encontraba al Preste Juan que no aparecía localizable en ninguna de las tierras que se iban conociendo. Llegó a Calicut, en la costa occidental de la India. Hasta allí arribaban mercaderes chinos que comerciaban con seda y porcelanas. No fue el primer europeo en esos lugares, pero sí fue el primero que encontró una nueva ruta y, casi con toda seguridad, descubrió que el océano índico conectaba con el Atlántico Sur. 

El sucesor de Juan II, el rey Manuel continuó en esa misma línea que alentaba las expediciones, y eligió a Vasco de Gama para que prosiguiese por el camino que abriera Días. El 8 de julio de 1497 Vasco de Gama zarpó de Lisboa y tras un viaje de seis meses y unos seis mil kilómetros de navegación llegó a la bahía de Santa Helena, al norte de la actual Ciudad del Cabo. Continuando con su periplo tocó los puertos de Mombasa y Malindi. En este último encontró a una comunidad de hindúes y a la vista de la hostilidad con que eran tratados por los musulmanes, los tomó por cristianos. iEI reino del Preste Juan no podía ya estar lejos! Y este error de bulto le animó a seguir con su misión. 

Vasco fue el primer europeo en atravesar el índico y al llegar a la India, a Calicut, volvió a confundir a los hindúes con los cristianos. Las diosas indias le parecieron las imágenes de la Virgen María y los numerosos dioses, representaciones de los santos, que tenían formas diferentes a tal como se les esculpía en Europa, pero, al fin y al cabo, objeto de culto por aquellos lejanos "cristianos". 

Comercialmente no puede decirse que el viaje fuera un éxito, por lo que se decidió el regreso hacia Lisboa, a donde arribó en septiembre de 1499. Vasco de Gama había estado viajando más de dos años y había recorrido el equivalente a 45.000 kilómetros. De los ciento sesenta tripulantes que partieron regresaron sólo cuarenta y cuatro. Los portugueses solían mantener en secreto sus expediciones, pero cuando el viaje de Vasco de Gama se conoció en Europa, causó verdadera sensación, y no era para menos. 

El Preste Juan y su reino no se habían encontrado. Era otra leyenda medieval que se hacía añicos, pero sirvió para el conocimiento de nuevas tierras y para la realización de auténticas proezas que siguen provocando la admiración y el respeto hacia aquellos hombres que, llevados de unos ideales en ocasiones tan difusos, se embarcaban en aventuras cuyo fin desconocían. 

Y si alguien quiere conocer más sobre el Preste Juan, Umberto Eco ha escrito una hermosa fabulación sobre este personaje también de fábula: Baudolino . La narración cuenta el viaje de distintos personajes tras del mítico Preste, con un sinfín de aventuras y desventuras.

martes, 19 de junio de 2018

EL MISTERIO DE LAS TRES MARÍAS.

Juan Mateos.

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La madre y el discípulo:
Israel integrado en la nueva comunidad.
(Jn 19,25-27)

19, 25. Estaban presentes junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena.
26. Jesús entonces, viendo a la madre y, al lado de ella, a su discípulo predilecto, dijo a la madre:
-Mujer, mira a tu hijo.
27. Luego dijo al discípulo:
-Mira a tu madre.
Y desde aquella hora la acogió el discípulo en su casa.

EXPLICACIÓN.

25-27. Según el contexto, hay dos mujeres al pie de la cruz (25): la madre de Jesús, María la de Cleofás (quizá patronímico), y su hermana, María Magdalena. En la escena siguiente (26-27), esta última está sustituida por el discípulo predilecto.

La presencia significa fidelidad. Cada una de las dos mujeres representa la comunidad de una alianza: la madre, la de la alianza antigua, el resto de Israel, la esposa fiel de Dios (2,4: “Mujer”). María Magdalena, la comunidad de la nueva alianza, la esposa del Mesías (20,13.15: “Mujer”).

El papel de la madre, la antigua comunidad, termina en la cruz; el de María Magdalena comienza en ella. La identidad de nombre indica el común papel de esposa (María de Betania, 11,1-3; 12,2, anticipaba la figura de la nueva esposa, como la resurrección de Lázaro anticipaba la de Jesús).

La nueva comunidad (María Magdalena) es hermana de la antigua (la madre de Jesús). Existe, pues, una relación de fraternidad, de igualdad, entre el pueblo antiguo y fiel y la nueva comunidad. Ha cesado el privilegio de Israel.

Cambia el juego de personajes (26). La nueva comunidad, representada en cuanto esposa por María Magdalena, lo está ahora, en cuanto amigo, por el discípulo predilecto de Jesús. Jesús ve a la madre (no “a su madre”, v.25; cf. 2,1.3.5.12); del Israel fiel tuvo origen el Mesías (4,22) y, en consecuencia, la comunidad mesiánica.


Encargo de Jesús a la madre y al discípulo, en términos de reconocimiento mutuo (26: Mira a tu hijo; 27: Mira a tu madre). El antiguo Israel debe reconocer su legítima descendencia (hijo) en la comunidad nueva y universal. La nueva comunidad debe reconocer su origen (madre) en el Israel fiel a Dios. Ést
e se integra en la comunidad universal (la acogió el discípulo en casa).

lunes, 18 de junio de 2018

EL MILAGRO DEL BOLSENA.


Relicario que conserva un trozo de marmol con el sello del milagro. Basílica de Santa Cristina. Bolsena (Italia)

En la Basílica de Santa Cristina de Bolsena se guardan con celo, desde hace siete siglos, las reliquias menores del milagro de Bolsena una de las piedras sagradas sobre las cuales se perciben todavía bien visibles grumos de la preciosa Sangre del Redentor , que han alimentado la piedad de generaciones y generaciones de fieles.

El hecho eucarístico milagroso acaeció en 1263, en una región que fue testigo de las vicisitudes del papado, y va vinculada al nombre de dos de los más poderosos exponentes del pensamiento teológico: Tomás de Aquino y Juan Fidenza, más conocido con el nombre de San Buenaventura.Un sacerdote de Praga, atormentado por dudas acerca de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, mientras dividía la Hostia santa en la celebración de la Misa, vio el corporal lleno de sangre que brotaba de las sagradas especies. Asombrado y aturdido por tan gran prodigio, le vino la duda de si había de terminar o seguir la Misa.

En la esperanza de ocultar a los presentes lo sucedido y con el deseo de pedir ayuda y explicación a la competente autoridad, resolvió suspender la celebración de la Santa Misa, y, recogidas las sagradas especies en paños sagrados, corrió a la sacristía, sin reparar que, en el trayecto, algunas gotas de la preciosísima Sangre habían caído sobre el mármol del pavimento. Esto sucedía en la Basílica de Santa Cristina, sobre el altar puesto bajo el baldaquino de mármol lombardo.

Cuando acaecía este milagro, era Ministro General de los Franciscanos Juan Fidenza, conocido bajo el nombre de Buenaventura de Bagnorea, ciudad natal del Santo, a pocos kilómetros de Bolsena. Profundo conocedor de los hombres y de los lugares, el Doctor Seráfico fue encargado por el Papa Urbano IV de presidir la comisión de teólogos instituida para controlar la verdad de los hechos.

Realizado su cometido por la comisión, confirmó la verdad del milagro, y el Papa ordenó a Jaime Maltraga, Obispo de Bolsena, que le llevase a Orvieto, donde tenía su residencia, el sagrado corporal, el purificador y los linos manchados de sangre. Acompañado el Papa de su corte, salió al encuentro de las sagradas reliquias, y, en el puente de Rivochiero, tomó entre sus manos el sagrado depósito y lo llevó procesionalmente a Orvieto.

El Papa Urbano IV instauró la fiesta del Corpus Christi en 1264.

Hoy algunos investigadores sostienen que, de ser cierto, tal fenómeno podría haber sido obra de un microorganismo.

En 1994, Johanna C. Cullen, de la Universidad George Mason, en EE.UU, indicó en una publicación de la Sociedad Americana de Microbiología que la inclusión en la Sagrada Forma de la bacteria Serratia marcescens origina un efecto similar. Aplicada a una Oblea, causa en pocos días la aparición de unas manchas de color rojo sanguinoliento similares en apariencia al líquido vital.

En la misa de Bolsena de 1512 Rafael plasmó cómo la sangre brotaba milagrosamente de la hostia.

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domingo, 17 de junio de 2018

EL MAESTRO DE INQUISIDORES: TOMÁS DE TORQUEMADA.


En el seno de la orden de predicadores, los dominicos habían ocupado los puestos de inquisidores desde la Edad Media, compartiendo ese mérito con los franciscanos.

Tomás de Torquemada

Gracias a sus cualidades humanas y religiosas, Tomás de Torquemada se labró una fulgurante carrera en los dominicos, siendo nombrado en poco tiempo prior del convento de Santa Cruz la Real de Segovia, el primero de la orden fundado en España. Los Reyes Católicos siempre mantuvieron una estrecha relación con esta abadía castellana, convirtiéndose en sus patronos y protectores, lo que se tradujo en la concesión de notables privilegios regios al monasterio.
Este vínculo entre los monarcas y Santa Cruz la Real quedó reflejado incluso en la decoración exterior de la iglesia conventual, donde aparece en la fachada grabada la leyenda Tanto Monta, alusiva a los acuerdos alcanzados tras la fusión de los dos reinos. Fue en el convento segoviano donde la reina Isabel conoció a fray Tomás. Impresionada por su prudencia, rectitud y santidad, lo eligió como uno de los tres confesores del matrimonio regio, cargo que tradicionalmente servía a los escogidos como trampolín en sus carreras eclesiásticas hacia puestos más elevados.

Introducido en el círculo de máxima confianza de los monarcas, hacia 1478 Tomás de Torquemada participó en la redacción de un informe remitido por el cardenal Mendoza, arzobispo de Sevilla, a la reina Isabel. En sus páginas se denunciaban las costumbres judaizantes que mantenían clandestinamente los conversos sevillanos. El documento tuvo una amplia repercusión, llegando hasta Roma, donde el papa Sixto IV se mostró preocupado ante los testimonios que el fraile dominico presentaba en su detallado informe.

Partidario de la misma ortodoxia militante que defendía Torquemada, el pontífice publicó el 1 de noviembre de ese mismo año la bula Exigit sincerae devotionis affectus, en la que cedió el control de la Inquisición a los Reyes Católicos, cumpliendo así con una aspiración manifestada por los monarcas. Aunque el tribunal religioso llevaba implantado en el Reino de Aragón desde 1249, fue durante el reinado de Isabel y Fernando cuando su jurisdicción se extendió por toda la Península. Controlada desde la corona, la Inquisición no tardó en convertirse en un instrumento de poder desde el que se ejerció la represión contra la disidencia religiosa.

Desde un primer momento estuvo claro el nombre del candidato idóneo para dirigirla. En 1482, Torquemada fue nombrado inquisidor por Sixto IV. Apenas un año más tarde fue designado Inquisidor General de Castilla y Aragón, Valencia y Cataluña. Con su elección también se mantenía una vieja tradición no escrita instaurada desde los primeros tiempos de funcionamiento del Santo Oficio.

En el seno de la orden de predicadores, los dominicos habían ocupado los puestos de inquisidores desde la Edad Media, compartiendo ese mérito con los franciscanos. La preparación y formación teológica de estos religiosos hizo que las autoridades eclesiásticas los eligieran para desempeñar esa responsabilidad, preferencia que se acabó decantando por los primeros.

En este sentido, se llegó a decir que el nombre de los dominicos no procedía realmente de Santo Domingo de Guzmán, el religioso español fundador de la orden, sino de la contracción de dos términos latinos, Dominus (“Señor”) y Canis (“perro”), formando una palabra compuesta que podría traducirse por “Los perros del Señor”, con la que se hacía referencia directa al cometido que se les había encomendado, que no era otro que el de perseguir herejes como auténticos animales de presa. Teniendo en cuenta estos precedentes, no cabe duda de que Torquemada reunía los requisitos necesarios para cumplir con éxito su misión.

sábado, 16 de junio de 2018

EL JESÚS HISTÓRICO. J. P.MEIER. UN JUDÍO MARGINAL.

EL JESÚS HISTÓRICO. John P. Meier. Un judío marginal.
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1)       La realidad total de una persona es en principio incognoscible, a pesar de que nadie negaría que esa realidad total existió. Esto nos recuerda simplemente que, por su propia naturaleza, todo conocimiento histórico acerca de los seres humanos es limitado.

2)       Respecto a muchos personajes públicos de la historia moderna, las montañas de datos empíricos disponibles hacen posible un retrato “razonablemente completo” del individuo “real”, lo cual no quita que, naturalmente, quepan interpretaciones diversas de esos datos.

3)       Aun disponiendo de un material fuente mucho menos abundante, los estudiosos de la historia antigua pueden reconstruir a veces un retrato razonablemente completo de unas cuantas grandes figuras (p. ej. Cicerón y César).

4)       Sin embargo, carecemos de fuentes suficientes para reconstruir un retrato razonablemente completo de la gran mayoría de los personajes de la historia antigua; el Tales de Mileto o el Apolonio de Tiana “real” está simplemente fuera de nuestro alcance. A esta última categoría pertenece Jesús de Nazaret. No podemos conocer al Jesús “real” mediante investigación histórica, ni su realidad total ni siquiera un retrato biográfico razonablemente completo. Sí podemos conocer, en cambio, al “Jesús histórico”.


EL JESÚS HISTÓRICO.

                  El Jesús de la historia es una abstracción y construcción moderna. Este judío marginal de una provincia marginal situada en el extremo oriental del Impero Romano no dejó escritos propios (como hizo Cizerón), ni monumentos arqueológicos u objetos (como hizo Augusto), ni nada que venga de él sin intermediarios. El Jesús histórico no es el Jesús real. El Jesús histórico puede darnos fragmentos de la persona “real”, pero nada más. 

                Los Evangelios  nos presentan al “Jesús terreno”, esto es, una pintura –aunque parcial y coloreada teológicamente-  de Jesús durante su vida en la tierra, pero no presentan al Jesús histórico. 

FUENTES.

                   La fuente principal de nuestro conocimiento acerca del Jesús histórico es también el mayor problema: los cuatro evangelios canónicos, que los cristianos aceptan como parte del Nuevo Testamento. Los evangelios no son principalmente obras de historia en el sentido moderno de la palabra. Su finalidad es, ante todo, proclamar y fortalecer la fe en Jesús como Hijo de Dios, Señor y Mesías. Su versión está imbuida desde principio a fin por la fe en que Jesús crucificado resucitó de entre los muertos y volverá glorioso para juzgar al mundo. Además, los Evangelios no intentan o dicen ofrecer nada semejante a un relato completo ni siquiera un resumen de la vida de Jesús. Marcos y Juan presentan a Jesús ya adulto, empezando por su ministerio. Tanto Mateo como Lucas anteponen a la narración del ministerio público dos capítulos de relatos sobre la infancia, cuya historicidad es muy debatida. Inmediatamente reconocemos la imposibilidad de escribir la biografía (en sentido moderno) de un hombre que murió a la treintena de edad, cuando, en el mejor de los casos, conocemos acontecimientos escogidos de tres o cuatro amos de su vida.

                   Y lo que es peor: no sabemos prácticamente nada acerca de la verdadera secuencia histórica de esos acontecimientos de los que nos ha quedado noticias.

                  Mateo reordena libremente los relatos de milagros de Marcos para crear una pulcra colección de nuevos relatos dividida en tres grupos separados entre sí por material “aislante” (Mt 8-9).  El gran sermón de la montaña que presenta Mt se encuentra, en parte, en el sermón del llano, más breve, de Lucas y, en parte, en material diseminado por el largo relato que hace Lucas del viaje final de Jesús  hasta Jerusalén (Lc 9,51-19,27).

                 Cada autor sinóptico ha reordenado las perícopas en la estructura de su evangelio para acoplarlas a su propia visión teológica. Dado que también, las colecciones de perícopas anteriores a los Evangelios ya estaban ordenadas de una manera artificial, no tenemos la posibilidad de determinar cuál es el orden histórico de los acontecimientos, si es que realmente lo hay.

                Podemos afirmar de que el Ministerio de Jesús empezó después de su bautismo por Juan en el Jordán y terminó con el fatídico viaje final a Jerusalén para la fiesta de Pascua. No es posible saber la duración exacta de los acontecimientos del ministerio público ni su orden exacto. Sin una idea del “antes y después”, toda biografía en el sentido moderno es imposible.

                 Para mayor confusión, en el cuarto Evangelio Juan va a su aire en gran medida, centrado en el ministerio de Jesús, no en Galilea, como los sinópticos, sino más bien en Judea y Jerusalén.. En el cuarto Evangelio, Jesús adulto viaja a Judea y Jerusalén al menos cuatro veces, lo cual contrasta con el único viaje que se registra en los sinópticos al final del ministerio público.

HEMOS CONSERVADO LAS PALABRAS EXACTAS DE JESÚS.

                El erudito del siglo XX que confiaba en nuestra habilidad para extraer de los Evangelios la misma voz de Jesús era Joachim Jeremías, que se dedicó a reconstruir el original arameo de varios dichos auténticos de Jesús.

                Por ejemplo, tenemos cuatro relatos de lo que Jesús dijo sobre el pan y el vino en la última cena (Mc 14,22-25; Mt 26,26-29; Lc 22,19-20; 1 Cor 11,23-26), y las cuatro versiones difieren entre sí. Obviamente, Jesús pudo decir estas palabras sólo una vez antes de que su vida acabase bruscamente; por tanto no podemos alegar supuestas  repeticiones en varias formas. Tenemos aquí un dato revelador: las “palabras eucarísticas” eran claramente importantes para la Iglesia primitiva, pero su importancia para la Iglesia primitiva garantizaba una coincidencia en la sustancia, no en las palabras mismas. Y si esto es verdad para las “palabras de la institución” pronunciadas en la última cena, ¿tenemos alguna razón para pensar que otras palabras de Jesús fueron conservadas con mayor celo al pie de la letra? 

FUENTES.

               El judío e historiador José ben Matías (37/38 d.c). Conocido como Flavio Josefo. Escribió dos grandes obras: La guerra judía, comenzada en los años inmediatamente posteriores a la caía de Jerusalén en año 70 d.Cy la mucho más extensa Antigüedades Judaicas, escrita entre el 93-94 d.C. Ambas, al menos en algunas versiones, contienen pasajes en los que se menciona a Jesús. Lo que ocurre es que al menos, con seguridad, un pasaje es de creación cristiana posterior; ¿y los otros?

             Pasaje clave: “Así, pues, habiendo pensado esta clase de persona (o sea, un cruel saduceo), Anano, que disponía de una ocasión favorable porque Festo había muerto y Albino estaba aún de camino, convocó una reunión (sandrín) de jueces y llevó ante él al hermano de Jesús, que es llamado Mesías, de nombre Santiago, y a algunos otros. Los acusó de haber transgredido la ley y los entregó para que fuesen apedreados”.

           Ideas de la autenticidad del pasaje:

1)       Josefo no conoce la línea genealógica (“Santiago, hijo de José””) que podría utilizar para identificar a Santiago; por eso se ve forzado a identificarlo por medio de su hermano Jesús, más conocido como “el Mesías”.

2)       Por el modo como el texto identifica a Santiago, no es plausible que proceda de una mano cristiana ni tampoco de una fuente cristiana. Ni el NT ni los primitivos autores cristianos se refieren a Santiago de Jerusalén de un modo tan despegado como “el hermano de Jesús”, sino –con la reverencia que cabría esperar- “el hermano del Señor” o “el hermano del Salvador”. Pablo, que no tenía demasiado cariño a Santiago, le llama “el hermano del Señor” en Gál 1,19. Hegesipo (historiador de la Iglesia en el Siglo II, habla igualmente de Santiago (Eusebio,Historia Eclesiástica, 2.32.4). La designación de Josefo no concuerda con el NT ni con el uso patrístico primitivo, y por tanto no procede probablemente de la mano de un interpolador cristiano. 

Las demás fuentes; Tácito y otros autores paganos del siglo II d.C; las fuentes judías aparte de Josefo, los agrapha (hechos y dichos no escritos de Jesús), los evangelios apócrifos, el material de Nag Hammadi (restos de una antigua biblioteca copta escritos en el siglo IV d.C) no nos aportan nada del Jesús histórico.

viernes, 15 de junio de 2018

EL GRITO DE LA PLANTA MÁGICA.


La raíz de la planta mandrágora estuvo desde antiguo ligada a la superstición y la hechicería.
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En la Edad Media era valorada como antídoto para la desgracia, la pobreza y los embrujamientos.

Para obtener esta raíz había que sacarla de noche de manera muy cuidadosa sin provocarle heridas ya que de no ser así podía matar a la persona.
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Por tal motivo, se solía encomendar esta tarea a los perros, quienes según la leyenda morían luego de desenterrarlas.

Incluso el célebre médico Maimónides incorporó un dato aún más misterioso: "Para arrancarla, las personas deberían utilizar tapones en los oídos ya que la planta al ser desraizada profiere un grito tan fuerte que puede resultar faltal para quien no esté protegido".
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