viernes, 1 de febrero de 2019

ISABEL Y MARÍA, DOS REINAS A LA GREÑA.



             María Estuardo.

Isabel I de Inglaterra.

            ¿Qué es lo peor que le podía pasar a una reina católica en la Escocia del siglo XVI? Tener una prima también reina y, además, protestante en la Inglaterra de ese mismo siglo. La escocesa era María Estuardo y la inglesa, Isabel I, la reina virgen y con un genio endiablado ya imaginan por qué. El 1 de febrero de 1587 Isabel I de Inglaterra firmaba la sentencia de muerte de su prima María Estuardo. Ésa es la fecha oficial, pero, en realidad, la reina Isabel no firmó nada, todo el lío lo armaron sus consejeros, que al final ejecutaron a María Estuardo por su cuenta. Cuando Isabel I se enteró, casi se los come, porque ella no firmó una fecha para la ejecución.

                Tras la ejecución de María Estuardo de dos hachazos -el primero falló- lo que subyace es una monumental bronca entre ingleses y escoceses, entre católicos y protestantes, entre los que querían una unión de Escocia, Francia y España para que el catolicismo se impusiera en la isla británica y los que luchaban con uñas y dientes para que el protestantismo gobernara.

              Los Estuardo, queriendo reinar también en Inglaterra, e Isabel queriendo hacer lo propio en Escocia. Las dos altas, las dos pelirrojas; María más mona que Isabel, la verdad, e Isabel más envidiosilla que María, pero también más sabia y mucho más lista. Isabel, soltera y sola en la vida, porque un marido no servía para sus fines políticos; María, con tres esposos a cual más desastroso.

              Cuando María Estuardo no pudo con las argucias y la presión protestante en Escocia, cuando ya perdió hasta el favor de los católicos, abdicó y pidió refugio a su prima Isabel en Inglaterra. Isabel no se lo podía creer. La Estuardo... la que no había parado de conspirar para acceder al trono inglés... su enemiga número uno... ¿le pedía protección?

             Pues se la dio. La encerró en varias cárceles durante casi veinte años hasta que reunió suficientes pruebas en su contra. El final, ya saben, la decapitación. Se presentó ante el verdugo con un vestido rojo chillón, el color del martirio para los católicos, pero muy coqueto. Antes muerta que sencilla. Y menos mal que Isabel y María nunca se vieron las caras. Si se hubieran llegado a encontrar, se arañan.

NIEVES CONCOSTRINA.
HISTORIAS DE LA HISTORIA.

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