jueves, 1 de marzo de 2018

CASUALIDADES, NADA MÁS.

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Antes, cuando una mujer judía era condenada por adulterio, los sacerdotes la castigaban obligándole a beber una pócima con cal viva.

Sin embargo, casualmente, si la adúltera era joven y agraciada solían errar las medidas y en vez de provocarle la muerte apenas sufría algunos retortijones. 

Para enmendar su "error" los jueces se "sacrificaban" y era costumbre que se quedaran con ellas como sirvientas.

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