sábado, 1 de abril de 2017

¿ADÁN Y EVA TENÍAN OMBLIGO?


       Si hizo Dios al hombre a su imagen y semejanza y nuestro padre Adán no nació de mujer sino de un muñeco de barro al que Él insufló vida, soplando, se deduce que no estuvo unido a madre alguna por un cordón umbilical y, por lo tanto, no tuvo ombligo. Otros opinan, por el contrario, que Adán tuvo ombligo porque, en el momento de crearlo, le dijo a Yahvé: "Señor, ¿por qué no me das una compañera en la que me solace y ayunte?" A lo que Dios, mirándolo con ternura, replicó: "¡Ah, pillín!", al tiempo que le daba un golpecito en la barriga con la punta del dedo. Como el barro estaba todavía blando le marchó el hoyuelo del ombligo. Los hipercríticos señalan que la historia de Adán y Eva procede la tradición iraina, del Avesta, cinco siglos anterior a Moisés y, por lo tanto, muy anterior a la redacción de los primeros libros de la Biblia. Es posible que la historia formara parte del acervo popular de los judíos que salieron con Abraham de Ur de Caldea. Y también parece probado que, cuando los hebreos llegaron a Egipto, encontraron la misma historia en la mitología egipcia. Esto indica que Yahvé la había inspirado a diversos pueblos para hacerla más creíble al suyo, el judío, "tan duro de cerviz".

     Eva, que salió de una costilla de Adán, tampoco tuvo ombligo. Luego Dios no tiene ombligo. Sin embargo a partir de nuestros primeros padres, el resto de la humanidad ya lo tuvo.

    Si Dios el Creador no tenía ombligo y es la misma entidad aunque distinta persona que el Hijo, nacido de la Virgen (con ombligo por tanto), henos aquí que en la Santísima Trinidad hay una persona con ombligo, otra sin él (Dios Padre) y una tercera nacida de un huevo (el Espíritu Santo). Dios Padre no ha nacido de nadie, podríamos decir que se crea Él mismo, lo que en términos naturales equivaldría a una partenogénesis o a una división celular, como los organismos primigenios. 

    La cuestión del ombligo de Adán viene preocupando a diversos comentaristas bíblicos desde muy antiguo. Quizá el ensayo más erudito sobre el tema sea el que escribió Christian Tobias Ephraim Reinhard Untersuchung der Frage: Ob uniere resten Uralter, Adam und Eve, einen Navel gehabts (1752). Más accesible al lector español moderno es el documentado ensayo de Martin Gardner ¿Tenían ombligo Adán y Eva? La falsedad de la pseudociencia al descubierto, Madrid, Debate, 2001, en el que el lector desvelado por este asunto encontrará una completa bibliografía sobre el particular.

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