lunes, 27 de marzo de 2017

INFALIBILIDAD PAPAL: ¿CARTA BLANCA AL PONTIFICADO?

En 1870, con la clausura del Concilio Vaticano I, Pío XI consiguió reforzar el poder papal frente al de emperadores y reyes al no incluir en este a monarcas católicos y por tanto incidir en cambios sociales a través de decisiones que se votarían solo entre clérigos. 

            Durante este cónclave, cuya duración fue de siete meses (entre el 8 de diciembre de 1869 al 18 de julio de 1870) dividido en cuatro sesiones, se discutió principalmente sobre la infalibilidad pontificia (dar por hecho que el papa, haga lo que haga, no se equivoca) y las relaciones entre fe y razón. Hubo acaloradas discusiones a favor y en contra, como las mantenidas por los teólogos Joseph Ignaz von Döllinger y Féliz Dupanloup por sus posturas contrarias a la infalibilidad papal.

              Por otro lado, durante el concilio fueron expuestas dos tesis: el racionalismo y el galicanismo, es decir, raciocinio fretne a la separación eclesiástica de Francia con Roma y el Papa. Llegaron a un consenso en el que consideraban que una doctrina racionalista era insuficiente para explicar la Trinidad, la Encarnación o la Redención. Además. rechazaron el ateísmo, el materialismo, el panteísmo, y el tradicionalismo fideísta. 

            La aceptación de la infalibilidad papal como dogma de fe tuvo consecuencias inmediatas. A partir de esta condición el papa podía restaurar el status quo político y religioso, los Estados Pontificios aseguraban su permanencia frente al intento de unificación italiana y se daba una respuesta al galicanismo. 

            Además, es muy probable que a partir de ese momento comenzara la devoción que millones de fieles profesan hacia todo aquél que ocupa el trono de Pedro.

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