jueves, 28 de febrero de 2019

GALILEO NI FUE EL DESCUBRIDOR NI SUFRIÓ TORMENTO ALGUNO.



Quien postuló en realidad el heliocentrismo fue Nicolás Copérnico, medio siglo antes. Galileo, que era un fervoroso católico y amigo del papa Urbano VIII, en cuanto realizó los cálculos y comprobaciones de que la Tierra giraba alrededor del Sol, quiso ponerlo por escrito. Pero esta obra acabó inconclusa en el Índice, la lista de los libros prohibidos por la Iglesia; y el científico, en arresto domiciliario, pero sin padecer tortura alguna.

miércoles, 27 de febrero de 2019

EVA Y ADÁN NO COMIERON NINGUNA MANZANA



Se podría considerar que Adán y Eva cometieron el primer error de la historia, siempre según la Biblia, al comerse la manzana del árbol de la sabiduría?
Sea como sea ellos son el origen de este blog...
Adan y Eva

martes, 26 de febrero de 2019

ESPIRITISMO Y OUIJAS


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El Diccionario de la Real Academia Española define ocultismo como el conjunto de conocimientos y prácticas relacionados con la magia, la alquimia, la astrología y materias semejantes. Tiene su origen en la Antigüedad y tuvo varios períodos de auge a lo largo de todo el mundo, desde el Renacimiento hasta los siglos XIX y XX. Se trató como a una disciplina filosófica y espiritual que pretendía desarrollar los poderes ocultos del ser humano y el entendimiento de la vida universal y de los secretos de la naturaleza.

El espiritismo consiste en la consulta directa a los espíritus, aunque a España llegó más como un movimiento social y filosófico que como un movimiento religioso o espiritual. Cuando hablamos de espiritismo pensamos en el aparentemente inofensivo juego de la ouija, ese tablero con letras, números y vocablos como <<sí>> y <<no>>, utilizado para comunicarse con los espíritus. Su origen es desconocido, aunque el modelo fue patentado por primera vez en Baltimore en 1890 por Elijah J. Bond, William Fuld y Charles W. Kennard. 
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Originalmente era una mesa y el mensaje de los espíritus se daba en la misma a base de golpes; posteriormente los tableros parlantes se independizarían de la mesa, dando lugar a la ouija como la conocemos hoy en día.
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Este juego alcanzó más fama a partir de los años sesenta del siglo XX, cuando la casa Parker Brothers comenzó a comercializarla masivamente. Llegaron a hacerla de color rosa, especial para las niñas. En España hizo lo propio una conocidísima casa de juguetes, que terminó siendo denunciada en 1900 por un grupo de psicólogos. Hoy en día, por suerte o por desgracia para los amantes del misterio, ya no se comercializa.

En el siglo XIX estos artilugios tuvieron mucho eco en España y los experimentos se propagaron por las casas, los cafés, los ateneos e incluso por la mismísima casa real. La propia Isabel II no pudo resistirse a experimentar estas nuevas sensaciones.
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En 1855 se instauraba la Sociedad Espiritista de Cádiz, y unos años más tarde, en 1861, se fundaba en Sevilla otra sociedad dirigida, nada más y nada menos, que por el general Primo de Rivera. A la capital también llegó, por aquellos años, el furor del espiritismo.
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Empezaron a proliferar no solo asociaciones, sino también libros, periódicos y revistas especializadas. En 1888 se celebró el primer Congreso Internacional Espiritista en Barcelona, y en 1892 en Madrid donde uno de los temas principales fue la figura de Cristóbal Colón.
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En 1860 apareció la primera revista dedicada al espiritismo -El espiritismo de Sevilla- fundada por Francisco Martín Boneval y también la obra El libro de los médiums, de Alverico Perón, que levantó ampollas en la Iglesia. 
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El obispo de Barcelona la hizo quemar junto con otros cientos de revistas y libros sobre el tema en un auto de fe en la explanada de la Ciudadela. Los seguidores de estas disciplinas acudieron al acto y no solo se dedicaron a gritar improperios, sino que recogieron hasta cenizas. El obispo de Barcelona, además de quemar libros, hizo el agosto con ellos. Allan Kardec, desde Francia, envió un cargamento de libros para reponer los quemados, pero al llegar a la frontera española se solicitaron los derechos y pagos de aduanas. El obispo las confiscó y encima se quedó con el dinero y con los libros.

CURIOSIDADES DE LA HISTORIA
CON EL MINISTERIO DEL TIEMPO.

lunes, 25 de febrero de 2019

EL PRIMER ESTIGMATIZADO DE LA IGLESIA.



            Este honor le corresponde a san FRANCISCO DE ASÍS. (1181-1226), uno de los santos más populares de la Iglesia y fundador de la Orden Franciscana y de las Hermanas Clarisas junto a santa Clara.
                   San Francisco fue el primer hombre que recibió en su propio cuerpo los estigmas de Jesucristo. Al parecer le llegaron cuando en las fiestas de la Asunción de 1224 se retiró a rezar a una pequeña celda que se construyó en el monte Alvernia. El día 17 de septiembre recibió los estigmas que procuró ocultar escondiendo las manos en los bolsillos de su hábito y cubriéndose los pies con medias y zapatos que hasta ese momento no había utilizado.

                  Después se dedicó a predicar las palabras de Jesucristo y a curar enfermos aunque su salud fue empeorando debido a que los estigmas no paraban de sangrar y fuerno debilitándolo hasta terminar con su vida.

                  San Francisco de Asís fue canonizado el 16 de julio de 1228. Sus restos descansan en la basílica de San Francisco en Asís, enla región italiana de Umbría.

domingo, 24 de febrero de 2019

EL PARAÍSO ¿DEL TIBET?


El palacio de Potala en Lhasa, Tíbet
La visión que muchos occidentales tienen de Tíbet es la de un paraíso perdido, un mundo situado en las alturas y regido por unos benévolos monjes cuya personificación sería el Dalai Lama. Es el Free Tibet de la ocupación china que apoyan las estrellas de cine, un escenario tan ficticio como los de las películas de Hollywood. Porque Tíbet no era antes de la invasión china un país idílico, sino más bien un brutal régimen feudal en cuya cúspide estaban el Dalai Lama, su alto clero y la nobleza, que vivían a costa de una masa sometida a todo tipo de abusos.
La sociedad modélica que venden el Dalai Lama y sus seguidores no ha existido nunca. Antes de la llegada de los chinos, Tíbet era una cruel teocracia. Si el tibetano era en la primera mitad del siglo XX un pueblo pacífico y aparentemente cariñoso, como decía el Dalai Lama hace tres años, lo era por miedo. Porque la mayoría de los habitantes del Shangri-La que muchos añoran en Occidente eran siervos, cuando no esclavos, de los monjes budistas.
Algunas de las salvajadas de los lamas han sido recopiladas por el historiador y escritor estadounidense Michael Parenti, e incluyen la esclavitud, la sobrecarga de tasas al pueblo llano, los abusos sexuales, la usura por parte de los monasterios, los brutales castigos y las ejecuciones encubiertas, para cumplir la máxima de que un budista no hace daño ni a una mosca. “Ya que los principios budistas prohíben matar seres vivos, los delincuentes eran frecuentemente torturados casi hasta la muerte y luego dejados a su suerte. Si morían por resultado de las torturas, se consideraba que lo había causado su propio karma”, explica el periodista y psicólogo alemán Colin Goldner.

Falsa idealización

La falsa buena imagen del régimen de los lamas en Occidente se debe en parte, según los expertos, a dos obras de ficción: la novela Horizontes perdidos y el libro esotérico El tercer ojo. En la primera, James Hilton cuenta la historia de un fértil valle en mitad del Himalaya cuyos habitantes gozan de una extraordinaria longevidad. Viven en un monasterio que se llama Shangri-La, inspirado en la Shambala budista, que alcanzó tal popularidad que en 1942 Roosevelt bautizó así su residencia de descanso, ahora conocida como Camp David. T. Lobsang Rampa –en realidad, un fontanero inglés que nunca había visitado Tíbet– cuenta, en El tercer ojo, su iniciación

sábado, 23 de febrero de 2019

EL PAPA PÍO XII. HITLER Y EL GENOCIDIO JUDÍO. ¿RECTA RAZÓN DE IGLESIA?



John Cornwell 

Introducción de Carla Antonelli
Acabamos de rememorar el 60 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial y derrota del ejercito nazi. En estos días hemos tenido que escuchar cosas tan terribles como que el cardenal y arzobispo emérito de Barcelona, Ricard María Carles, ha hecho una comparación de España con Auschwitz. Ante tal atrevimiento se hace necesario recordar cual fue la postura de la Iglesia Católica, Vaticano y Pío XII ante el genocidio de los judíos en Europa. Por si fuera poco este fin de semana hemos tenido que oír de la Conferencia Episcopal Española el darnos dogmas de “la recta razón y moral”; no son ellos precisamente los mas indicados en esta materia pedagógica. A sus espaldas cabalgan crímenes contra la humanidad como los de la “Santa Inquisición” ó ” Santo oficio”, hoy llamado “Congregación para la doctrina de la fe”, la inquisición nunca fue abolida por la Iglesia, solo actualizó su nombre a este ultimo, congregación dirigida hasta escasos días por el actual Benedicto XVI, o Ratzinger, que así se llamaba cuando era miembro de la juventudes nazis para mas tarde ser soldado de Hitler en las baterías antiaereas, pero bueno, esto ultimo es otra historia a la que dedicaremos un capitulo aparte en breve.
En este acto de rememoración ofrecemos un articulo de John Cornwell, autor del libro “El Papa de Hitler”, que hace un recorrido por la vida de Pio XII, su antisemitismo y escandaloso silencio ante el genocidio de millones de judíos, gitanos, homosexuales y transexuales durante la segunda guerra mundial y la “solución final” de Hitler y su ejercito nazi .
Ya hubieran dicho la mitad de lo que han vertido en contra de los matrimonios homosexuales durante el genocidio nazi, cientos de miles de vidas se hubieran salvado; pero no, ante Hitler, Franco, Pinochet, Videla o Mussolini se caracterizaron por su ambigüedad, falta de contundencia y vergonzoso silencio, o en cohabitación cómplice directa. Como Jorge Arturo Agustín Medina Estévez que apoyó sin reservas a la dictadura del general Augusto Pinochet.
También los apoyos de los papas Pio XI, Pio XII y Juan XXII que dan su bendición especial a Franco en su golpe militar y guerra fraticida entre españoles:
a los que se habían impuesto la difícil y peligrosa tarea de defender y restaurar los derechos y el honor de Dios y de la Religión” (Pío XI, Castelgandolfo, 1936).
España (…) acaba de dar a los profetas del ateísmo materialista de nuestro siglo la prueba más excelsa de que por encima de todo están los valores de la religión y del espíritu” (Pío XII, 1939).
Franco da leyes católicas, ayuda a la iglesia, es un buen católico: ¿Qué más se quiere?” (Juan 23, 1960).
Cuando Mussolini decidió lanzarse a una guerra de conquista, contra Etiopía, Pio XII aprobó que aquellas modernas armas de fuego que iban a masacrar africanos armados de lanzas y cuchillos, fueran bendecidas por cardenales cercanos a la sede de San Pedro. El cardenal Schuster, de Milán, proclamó la expansión fascista en África como “una guerra santa”.
Nunca estuvieron más cerca, física y espiritualmente, las FF.AA. en Argentina y la Iglesia como a partir del golpe del 24 de marzo de 1976. “La Jerarquía apoyó el sistema de la desaparición de personas en forma teórica y práctica. Teóricamente, por medio de la Teología de la Dominación que legitimó la Doctrina de la Seguridad Nacional, como se ha considerado, y prácticamente, con el servicio del Vicariato Castrense, el cual, por medio del Vicario Adolfo Tortolo hasta 1982 y José M. Medina desde entonces; del Provicario Victorio Bonamín y de los 250 capellanes militares prestaron la debida “asistencia espiritual” a los desaparecedores. Debe tenerse en cuenta que el Vicario Castrense es elegido ‘por la Santa Sede de acuerdo con el Presidente de la República’. Si tenemos en cuenta el conocimiento abundante que el Papa tenía de la existencia de las desapariciones y de los centros clandestinos, se debe concluir que la Santa Sede dio su apoyo legitimador al sistema de las ‘desapariciones’”
Cuestiones bastantes indicativas para hacernos una ligera idea de quienes hoy son tan atrevidos como para erigirse en defensores de ” la recta razón y moral “. La vergüenza debería ser el XI mandamiento y carecer de ella pecado capital.
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El Papa de Hitler”, por John Cornwell

(fragmento)
Siempre estuve convencido de que la evidente santidad de Eugenio Pacelli era una prueba de su buena fe. ¿Cómo podría haber traicionado a los judíos un Papa tan Santo?. Pedí acceso a documentos cruciales, asegurándoles a sus custodios que estaba del lado de mi investigado: en un libro titulado Un ladrón en la Noche, yo había defendido al Vaticano contra cargos del asesinato del Papa Juan Pablo I por sus pares.
Dos oficiales me permitieron acceder al material secreto: declaraciones bajo juramento que se juntaron hace treinta años para avalar el proceso de canonización de Pacelli y el archivo de la Secretaría de Estado del Vaticano. También recurrí a fuentes alemanas en relación con las actividades de Pacelli en Alemania durante las décadas del ´20 y del ´30, incluidos sus contactos con Adolf Hitler.
A mediados de 1997 me encontré en un estado de shock moral. El material que había juntado no apuntaba a una exoneración sino a una acusación aún más escandalosa.
La evidencia era explosiva, Mostraba por primera vez que Pacelli (Pío XII) era abiertamente, y según sus propias palabras, antisemita.
Pacelli llegó al Vaticano en 1901, a la edad de 24 años, reclutado para especializarse en cuestiones internacionales y derecho canónico. Colaboró con su superior, Pietro Gasparri, en la reformulación del Código de Derecho Canónico que se distribuyó en 1917 a los obispos católicos de todo el mundo.
A la edad de 41 años, ya arzobispo, Pacelli partió hacia Munich como nuncio papal para comenzar el proceso de eliminar los desafíos legales a la nueva autocracia papal y procurar un tratado entre el papado y Alemania como un todo, que reemplazará todos los arreglos locales y se convirtiera en un modelo de las relaciones entre la Iglesia Católica y los Estados.
En mayo de 1917 recorrió Alemania, destruida por la guerra, ofreciendo su caridad a gente de todas las religiones. Sin embargo, en una carta al Vaticano, reveló tener menos amor por los judíos. El 4 de septiembre le informó a Gasparri, que era cardenal secretario de estado en el Vaticano, que un doctor Werner, el rabino jefe de Munich, se había acercado a la nunciatura para rogar un favor. Con el fin de celebrar Succoth, los judíos necesitaban hojas de palmeras, que normalmente llegaban de Italia. Pero el gobierno italiano había prohibido la exportación, vía Suiza, de unas palmeras que los judíos habían comprado y que estaban retenidas en Como. “La comunidad israelita” continuaba Pacelli “busca la intervención del Papa con la esperanza de que abogue a favor de los miles de judíos alemanes”.
Pacelli le dijo a Gasparri que no le parecía apropiado que el Vaticano “los ayudara en la práctica de su culto judío”. Gasparri respondió que confiaba completamente en la “astucia” de Pacelli, coincidiendo con que no sería apropiado ayudar al rabino Werner.
Dieciocho meses más tarde reveló su antipatía por los judíos de una manera más abiertamente antisemita, cuando estuvo en el centro de una revuelta bolchevique en Munich. En una carta a Gasparri, Pacelli describió a los revolucionarios y a su líder, Eugenio Levien: “Un ejército de trabajadores corría de un lado a otro, dando órdenes, y en el medio, una pandilla de mujeres jóvenes, de dudosa apariencia, judías como todos los demás”, daba vueltas por las salas con sonrisas provocativas, degradantes y sugestivas.
La jefa de esa pandilla de mujeres era la amante de Levien, una joven mujer rusa, judía y divorciada. (…) Este Levien es un hombre joven, de unos 30 o 35 años, también ruso y judío. Pálido sucio, con ojos vacíos, voz ronca, vulgar repulsivo, con una cara a la vez inteligente y taimada.
Hitler que había logrado su primer gran triunfo en las elecciones de 1930, quería un trato con el Vaticano porque estaba convencido de que su movimiento sólo podía tener éxito si se eliminaba al catolicismo político y sus redes democráticas. Luego de su ascenso al poder en enero de 1933, Hitler hizo una prioridad de su negociación con Pacelli.
El Concordato del reich le garantizó a Pacelli el derecho a imponer un nuevo Código de Leyes Canónicas sobre los católicos de Alemania. A cambio, Pacelli colaboró en el retiro de los católicos de la actividad política y social. Luego Hitler insistió en la disolución “voluntaria” del Partido Central Católico Alemán!.
Los judíos fueron las primeras víctimas del Concordato: luego de su firma, el 14 de julio de 1933, Hitler dijo a su gabinete que el tratado había creado una atmósfera de confianza “especialmente significativa en la lucha urgente contra el judaísmo internacional”. Aseguraba que la Iglesia Católica le había dado su bendición pública, en el país y afuera, al nacionalsocialismo, incluida su posición antisemita.
Durante los años ´30, a medida que el antisemitismo nazi crecía en Alemania, Pacelli no se quejó ni siquiera en nombre de los judios convertidos al catolicismo: para él, era cuestión de política interna.
En enero de 1937, tres cardenales y dos obispos alemanes viajaron al Vaticano para pedir una vigorosa protesta contra la persecución nazi de la Iglesia Católica, a la que se le habían suprimido todas las formas de actividad con excepción de los servicios religiosos. Finalmente, Pío XI decidió lanzar una encíclica, escrita bajo la dirección de Pacelli (futuro Pio XII), donde no había ninguna condena explícita al antisemitismo.
En el verano de 1938, mientras agonizaba, Pío XI se preocupó por el antisemitismo en Europa y encargó la redacción de otra encíclica dedicada al tema. El texto que nunca vió la luz del día, se descubrió hace poco. Lo escribieron tres jesuitas, pero presumiblemente Pacelli estuvo a cargo del proyecto. Se iba a llamar Humani Generis Unitas (La unión de las raza humana) y, a pesar de sus buenas intenciones, está lleno de una antisemitismo que Pacelli había mostrado en su primer estadía en Alemania. Los Judíos, dice el texto, eran responsables de su destino, Dios los había elegido, pero ellos negaron y mataron a Cristo. Y “cegados por su sueño de triunfo mundial y éxito materialista” se merecían “la ruina material y espiritual” que se habían echado sobre sí mismos.
El documento advierte que defender a los judíos como exigen “los principios de humanidad cristianos” podría conllevar el riesgo inaceptable de caer en la trampa de la política secular. La encíclica llegó a los jesuitas de Roma a fines de 1938; hasta el día de hoy, no se sabe por qué no fue elevada a Pío XII, Pacelli, convertido en Papa el 12 de marzo de 1939, sepultó el documento en los archivos secretos y les dijo a los cardenales alemanes que iba a mantener relaciones diplomáticas normales con Hitler.
Pacelli conoció los planes nazis para exterminar a los judíos de Europa en enero de 1942. Las deportaciones a campos de exterminio habían comenzado en diciembre de 1941. A lo largo de 1942, Pacelli recibió información confiable sobre los detalles de la solución final provista por los británicos, franceses y norteamericanos en el Vaticano.
El 17 de marzo de 1942, representantes de las organizaciones judías reunidos en Suiza le enviaron un memorándum a través del nuncio papal en Berna, donde detallaban las violentas medidas antisemitas en Alemania, en sus territorios aliados y en zonas conquistadas. El memo fue excluido de los documentos de la época de la guerra que el Vaticano publicó entre 1965 y 1981.
En septiembre de 1942, el presidente norteamericano Franklin Roosevelt envió a su representante personal, Mylon Taylor, a que le pediera a Pacelli una declaración contra el exterminio de los judíos. Pacelli se negó a hablar porque debía elevarse sobre las partes beligerantes.
El 24 de diciembre de 1942, finalmente, Pacelli habló de “aquellos cientos de miles que, sin culpa propia, a veces sólo por su nacionalidad o raza, reciben la marca de la muerte o la extinción gradual”. Esa fue su denuncia pública mas fuerte de la solución final.
Pero hay algo peor. Luego de la liberación de Roma, Pio XII pronunció su superioridad moral retrospectiva por haber hablado y actuado a favor de los judíos. Ante un grupo de palestinos, dijo el 3 de agosto de 1946:
Desaprobamos todo uso de fuerza (…) como en el pasado condenamos en varias ocasiones las persecuciones que el fanatismo antisemita infligió al pueblo hebreo.” Su autoexculpación grandilocuente un año después del fin de la guerra demostró que no sólo fue Papa ideal para la solución final nazi, sino que también un hipócrita.
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¿Qué dicen los nuevos documentos?
La nueva evidencia que recopilé muestra que:
  • La asombrosa antipatía de Pacelli por los judíos venía de 1917, lo cual contradice que sus omisiones fueron hechas de buena fe y que “amaba” a los judíos y respetaba su religión.
  • Pacelli le reconoció al Tercer Reich que sus políticas antisemítas eran asuntos internos de Alemania. El Concordato entre Hitler y el Vaticano creó un clima ideal para la persecución de los judíos.
  • Pacelli no avaló la protesta de los obispos católicos alemanes contra el antisemitismo.
  • Pacelli intentó mitigar el efecto de las encíclicas de Pío XI al darle garantías diplomáticas privadas a Berlín, a pesar de conocer la abierta persecución de los judíos.
  • Pacelli estaba convencido de que los judíos se habían procurado su suerte: intervenir a su favor sólo podía llevar a la Iglesia hacia alianzas con fuerzas hostiles al catolicismo.
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viernes, 22 de febrero de 2019

EL PAPA FRANCISCO Y LA DICTADURA ARGENTINA.


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Él y otro compañero jesuita, Orlando Yorio, fueron secuestrados durante cinco meses por militares durante el régimen dictatorial de Videla mientras Bergoglio era superior de la orden religiosa en Buenos Aires.

¿Delató Bergoglio a dos sacerdotes ante el régimen militar de Argentina?

El Jesuita Franz Jalics contaba en su libro Ejercicios de Contemplación como él y su compañero Orlando Yorio fueron secuestrados el 23 de mayo de 1976 después de que se hubieran trasladado a las villas pobres de Barrio Flores, en Buenos Aires para poder atender a los más desfavorecidos.

Jalics explicaba que este hecho fue tomado por gente que sostenía convicciones políticas de extrema derecha como una forma de apoyo a la guerrilla y que por lo tanto fueron denunciados como si fueran terroristas. 

Por este motivo, estuvieron cinco meses secuestrados. El periodista argentino Horacio Verbitsky rescataba en una investigación una carta de Orlando Yorio, -ya fallecido-, en la que este señalaba a Jorge Bergoglio, que entonces ejercía como Provincial de la Compañía de Jesús en Buenos Aires, como uno de los delatores.

Sin embargo, el portavoz del Vaticano, Federico Lomardi, salió al paso para rechazar las acusaciones calificándolas de "calumniosas" y aseguró que el papa "hizo mucho para proteger a las personas durante la dictadura". 

El propio Franz Jalics quiso zanjar el tema y señaló en un comunicado publicado en la página web de los jesuitas en Alemania que Orlando Yorio y él no habían sido descubiertos por Bergoglio y que la sospecha de que habían sido víctimas de una denuncia "era infundada". 

La presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, que había vinculado al papa Francisco con la dictadura Argentina, también aseguró después que había cometido un "error".