jueves, 7 de febrero de 2019

LOS EGIPCIOS Y LOS EXTRATERRESTRES.


Aunque no haya ninguna razón lógica para creerlo, existen muchas personas que piensan que los egipcios tuvieron conocimientos ocultos o mantuvieron contactos con extraterrestres y que eso les permitió utilizar una tecnología muy superior incluso a la de la actualidad.

Estudiosos del fenómeno OVNI y amantes de la conspiración creen que existe un vínculo innegable entre el Antiguo Imperio Egipcio y los extraterrestres. Aquí, cinco motivos por los que se establece esta extraña relación.



Pirámides: la construcción de las colosales pirámides egipcias sigue planteando numerosos interrogantes para la ciencia. Este hecho es suficiente para que muchos crean que los edificios fueron erigidos con la ayuda de tecnología extraterrestre.
Jeroglíficos: algunos jeroglíficos muestran figuras que podrían ser interpretadas como vehículos voladores. Existen, no obstante, varias explicaciones menos fantasiosas para tales símbolos.
Sir William Petrie: hay quienes sostienen que el arqueólogo inglés Sir William Petrie guardaba en su colección privada momias de origen alienígena. Algunos incluso creen que estas piezas descansan actualmente en una cámara secreta del Museo Rockefeller de Jerusalén.
Electricidad: un rumor asegura que los antiguos egipcios habrían utilizado energía eléctrica, miles de años antes de su descubrimiento oficial. Nunca se encontraron pruebas para avalar esta teoría.
Papiro de Tulli: el documento apócrifo describiría la aparición de platillos voladores durante el mandato del faraón Thutmosis III. Mientras algunos creen ciegamente en la autenticidad del papiro, otros aseguran que el texto no es real.

miércoles, 6 de febrero de 2019

LOS EGIPCIOS Y EL VAPOR.


Resultado de imagen de vapor
En el Antiguo Egipto las puertas de algunos templos se abrían a vapor. Los sacerdotes conocían la fuerza del vapor, aunque sin entenderla, y supieron aplicarla espectacularmente: cuando los fieles paleoegipcios veían las puertas del templo abrirse lenta, solemnemente, por sí solas, lo atribuían, mudos de espanto, a su Dios. 

No es éste un caso aislado: al emperador Domiciano un inventor romano le ofreció un diseño de una grúa que, en teoría al menos, funcionaba a vapor; no sabemos si habría dado resultado en la práctica, porque el emperador la rechazó, alegando que en Roma no hacían falta cosas así; para eso estaban los esclavos. 

Un inventor francés propuso a Robespierre un barco que se movía a vapor, y parece ser que éste estuvo interesado en la idea, aunque fue decapitado antes de poner en marcha cualquier estudio. 

Los primeros islandeses, que disponían en su isla de las bombas naturales de vapor más impresionantes que se han visto, no supieron aprovechar esa fuerza, y siguieron haciéndolo a mano o por tracción animal. Los géiseres islandeses, bien aprovechados, habrían podido convertir esa isla inhóspita en una auténtico paraíso.

martes, 5 de febrero de 2019

LOS DRUIDAS: MUY LEJOS DE ASTÉRIX Y OBÉLIX.






Durante siete años César combatió en las Galias, la Francia actual, para anexionar este territorio a Roma, lo que consiguió en el año 50 a.C. Los galos, formados por numerosas tribus, se defendieron con ferocidad, agrupados bajo el mando del gran caudillo Vercingetórix. La batalla definitiva se dio en Alesia (Alise-Saint-Reine) y la ganaron los romanos gracias a una táctica de César, totalmente revolucionaria, en el asedio de esta población. Por su parte los galos la perdieron por carecer de alimentos que hubieran podido remediar comiéndose sus caballos, pero este animal tenía para ellos un carácter sagrado y no fueron capaces de sacrificarlos para salvarse ellos. Su situación llegó a ser tan desesperada que de la ciudadela de Alesia, donde estaban atrincherados, echaron a los enfermos y ancianos que no podían combatir en un intento de soltar lastre que les permitiera resistir un poco más. 

De esta campaña César nos legó Comentarios de la guerra de las Galias , en los que describe con intensidad, brevedad y concisión todos los detalles militares y un cuadro de costumbres magnífico de los pueblos conquistados: religión, la salud, formas de vida ... Ya bien entrado el siglo XX, los franceses Uderzo y Goscinny hicieron un cómic delicioso sobre los galos y los romanos: Las aventuras de Astérix, en el que, despreciando la historia real, los esforzados nativos ponían en serios aprietos a los orgullosos invasores. Entre los muchos personajes que aparecían en este comic tenía una importancia especial el druida, o sacerdote sabio, un ancianito simpático capaz de fabricar una pócima que hacía a los galos poco menos que invencibles. 

Efectivamente los druidas eran los sacerdotes celtas muy respetados por la comunidad gala. Atendían al culto divino e interpretaban los misterios de la religión. Pero además actuaban como jueces para dirimir los problemas de lindes, de herencias, casos de asesinato ... tanto si se trataba de particulares como si se trataba de personajes públicos. Su sentencia era inapelable y al que no quería acatarla se le excomulgaba, lo que constituía el castigo más grande. 

Los druidas estaban bajo un sacerdote superior con autoridad suprema. A su muerte le sucedía aquel que tenía más conocimientos o al que se consideraba con mayores dotes. Si existían dudas se procedía a una votación que, en ocasiones, acababa con las armas en la mano para lograr el primer puesto, aunque los druidas no iban a la guerra ni pagaban tributos. 

Tenían también sus escuelas en las que no estaba permitido escribir lo que se aprendía y cuando lo hacían era con un alfabeto sólo para iniciados. Por lo visto esto tenía una doble finalidad: para que los estudiantes agilizasen su memoria sin fiarse de lo escrito y para que sus doctrinas no fuesen del dominio público, pues en el secretismo y el misterio residía parte del respeto supersticioso que les tenían sus adeptos. 

Creían los druidas en la inmortalidad del alma y en la transmigración de unos cuerpos a otros y estas creencias les hacían enaltecer el valor y despreciar la muerte. Parece que eran buenos astrólogos y poseían muchos conocimientos sobre las virtudes de los animales y las plantas. 

Pero los druidas eran los encargados también de los sacrificios a los dioses, que distaban muchos de ser sencillas ofrendas de flores y frutos. Los galos tenían muchas supersticiones y al igual que todos los pueblos cuando estaban en un gran peligro o enfermaban gravemente, hacían promesas a los dioses. Tales promesas consistían en sacrificios humanos. Consideraban que la ira de los dioses o la conservación de una vida sólo podía lograrse con la ofrenda de otra vida. Los ritos que por ley ejecutaban los druidas eran especialmente cruentos. Entretejían con mimbres figuras enormes y en los huecos se colocaban las víctimas. Se prendían fuego y los sacrificados morían de forma horrible. Según creían a los dioses les agradaban, especialmente, que las ofrendas fueran de delincuentes, pero a falta de éstos no dudaban en sacrificar inocentes. 

Es seguro que muchos de los lectores de Las aventuras de Astérix, están lejos de imaginar que el druida de la historia, con sus vestiduras blancas, un tanto despistado y con su carácter bonachón pudiera dedicarse a semejantes menesteres! Pero ya se sabe que como dice el refrán: "Hay que ver, que pintar como querer."

lunes, 4 de febrero de 2019

LOS DIOSES Y LOS PLANETAS. DÍAS Y MESES.

Resultado de imagen de dioses y los planetas
Elementos tan cotidianos como los nombres de los planetas y los días de la semana, así como la manera de distribuir días y meses en el calendario, permiten comprobar las importantes huellas que subsisten de la religión romana, a pesar de haber dejado de practicarse hace tantos siglos.

Entre estos vestigios de la civilización romana, encontramos los nombres de sus dioses, que incorporaron a los elementos de su entorno y que se han mantenido en buena medida.

Los nombres de los planetas del sistema solar, salvo el de la Tierra, coinciden con nombres de los dioses romanos, pese a que no todos se pusieron en esa época: los tres más alejados del Sol, Urano, Neptuno y Plutón, los pusieron astrónomos que vivieron mucho tiempo después, ya en la época moderna.

También los días de la semana recibieron nombres dados por los romanos. Al lunes lo llamaron así en honor a la diosa Luna. Algunos han cambiado: el sábado recibe su denominación del día de descanso judío, sabbath, y el domingo viene de dominicus dies o «día del señor» y es el nombre que le pusieron los cristianos. El resto de días corresponde a Marte, Mercurio, Júpiter y Venus.

Por último, en el caso de los meses del año, la procedencia de los nombres es más variada, pero algunos tienen en origen el nombre de dioses romanos: enero (ianuarius en latín) era el mes de Jano, marzo (martius en latín) el de Marte, junio (iunius en latín) el de Juno. Además hay dos meses que se dedicaron a gobernantes porque fueron divinizados. Tras dedicar a Julio César el mes de julio, cuando dedicaron a Augusto el de agosto, se decidió alargarlo de 30 a 31 días, para que no fuera Julio César más que Augusto. Se lo quitaron a febrero, motivo por el que es tan corto.

domingo, 3 de febrero de 2019

LOS DÍAS DE LA SEMANA.

La semana es un período de tiempo de siete días consecutivos. En español sus siete días son:
  1. lunes
  2. martes
  3. miércoles
  4. jueves
  5. viernes
  6. sábado
  7. domingo

Historia de la semana

Calendario 2012 de un centro catalán de divulgación e investigación, y en donde obviamente se indican los meses del año y los días de la semana.

El origen de la semana de siete días

En las primeras épocas de la humanidad, cuando los seres humanos descubrieron el ciclo solar (la regularidad de la aparición del verano y del invierno), se dieron cuenta de que se podía medir la edad de una persona por la cantidad de pasos del invierno a la primavera (caracterizados por el derretimiento del hielo) que había vivido. Cuando se conoció más el ciclo anual, se pudo dividir en 4 estaciones trimestrales (más o menos convencionales, ya que las estaciones nunca duraban la misma cantidad de tiempo ni eran exactamente iguales).

En algún momento ―antes o después del descubrimiento anterior― se descubrió el ciclo de las fases lunares. La Luna pasa por cuatro momentos fáciles de discriminar:
  • luna llena (completamente iluminada).
  • luna menguante (iluminada en una mitad).
  • luna nueva (completamente oscurecida).
  • luna creciente (iluminada en su otra mitad).
Entre dos fases lunares hay aproximadamente una semana de siete días.

El origen de los nombres de los días de la semana


El origen de estos nombres está en la observación del cielo por los antiguos. Durante el año, la inmensa mayoría de los astros visibles no cambiaban de posición unos con respecto a otros. Sin embargo, aquellos hombres observaron a simple vista siete cuerpos celestes que sí variaban de posición: el Sol, la Luna, y los cinco planetas que pueden verse a simple vista: Marte, Mercurio, Júpiter, Venus y Saturno.

En hebreo simplemente se numeran (primer día, segundo día, etc.) contando desde el domingo, excepto el séptimo y último, que se llama shabbat.

En árabe también se numeran excepto el séptimo asSabt y el sexto al-Jum'ah (día de la reunión en la mezquita).

En griego moderno también se numeran excepto el séptimo sávato, el primero kyriakí (día del Señor), y el sexto paraskeví (día de la preparación).

En portugués los día de lunes a viernes se llaman Segunda-feira, Terça-feira, Quarta-feira, Quinta-feira, y Sexta-feira, y los dos restantes se llaman como en español, Sábado y Domingo.

Mientras que los idiomas mediterráneos orientales reflejan la numeración de los días de la semana, los idiomas de Europa Occidental (excepto el portugués) reflejan los nombres de los astros móviles del firmamento: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, Sol. Estos siete cuerpos celestes dieron sus nombres a los días de la semana: lunes, martes, miércoles, jueves, viernes. En español, sábado procede de la palabra hebrea shabbat (día de descanso), y domingo de la palabra latina domínica (día del Señor). No obstante, en algunos idiomas (como el inglés, por ejemplo), se mantienen los nombres originales de estos dos días: saturday (día de Saturno) y sunday (día del Sol); y en otros idiomas se sustituyen los dioses grecorromanos con los dioses germánicos más o menos correspondientes. Así, el dios germánico de la guerra Tiw (tuesday) sustituye al marcial grecorromano Marte, el principal dios germánico Woden (wednesday) al dios secundario Mercurio, el importante dios guerrero Thor (thursday) al importantísimo Júpiter, la diosa de la fertilidad Freya (friday) a la diosa del amor Venus.

Los nombres latinos de los dioses relacionados con los astros móviles del firmamento son meras transliteraciones de los nombres griegos, los cuales a su vez son transliteraciones de los nombres babilónicos, los cuales se remontan a los sumerios.[cita requerida] Sin embargo, hubo una mala interpretación, son ejemplos: Nergal es el dios de la guerra pero también de la pestilencia y especialmente del infierno, de esta manera se superpone con el griego Hades. Mientras Cronos es el padre de Zeus, Ninurta es el hijo de Enlil.

El orden de los días de la semana


Samuel A. Goudsmit, en El tiempo (Nueva York, 1966, pág. 24), prueba que los egipcios dividían cada uno de los 12 meses de 30 días (de su año de 360 días) en tres semanas de 10 días. Lo mismo hacían los griegos de esa época. No se sabe en qué momento cambiaron ese calendario por la adoración de los planetas, pero debe haber sido antes del siglo IV a. C., ya que Heródoto, en La historia (2.82), escribió: «Estos son algunos de los hallazgos de los egipcios. Descubrieron que [...] cada día le pertenece a un dios».

Stephen Herbert Langdon, en La mitología de todas las razas (Nueva York, 1964, pág. 154) prueba que los seguidores del culto a Sin (en Harrán), a quienes los escritores árabes y sirios conocían como arranianos o sabeanos les habían puesto los nombres de los planetas a sus días. Como los hebreos y otros pueblos, consideraban que el día dedicado a Saturno era el séptimo día, así que comenzaban la semana con un día dedicado al Sol. Para el resto de los días utilizaban el mismo orden que los egipcios.

Steven L. Renshaw, en El sistema solar y los nombres de los días, demuestra que esos mismos astros del sistema solar, y en la misma secuencia, se usaron para nombrar los días en India, Tíbet y Birmania. También sucedió lo mismo en Japón, pero esa costumbre se ha podido rastrear solo hasta mil años atrás.

Los soldados romanos estacionados en Egipto se acostumbraron a la semana pagana de siete días y poco a poco la introdujeron en su país, reemplazando la semana oficial de ocho días (octaviano, César Augusto) y los siguientes gobernantes romanos toleraron esta práctica, que se oficializó con Constantino I el Grande en el 321 de nuestra era.

La hipótesis más conocida acerca del origen del orden de los planetas es la siguiente: si se disponen los planetas de acuerdo al conocimiento erróneo ―desde una astronomía geocéntrica― que los antiguos tenían de sus respectivas distancias a la Tierra ―en realidad de cuánto tiempo tardaban en dar un ciclo completo en relación al fondo de estrellas―, el orden (de lejano a cercano, o de más lento a más rápido) sería:
  • Saturno (Saturn),
  • Júpiter (Jupiter),
  • Marte (Mars),
  • Sol (Sun),
  • Venus (Venus),
  • Mercurio (Mercury),
  • Luna (Moon).


sábado, 2 de febrero de 2019

LOS CIPAYOS


Los cipayos.

Soldado cipayo del imperio mogol(c. 1850).
Los cipayos eran soldados indios que servían en el ejército de la Compañía bajo el mando de oficiales británicos. Estos oficiales eran entrenados en escuelas de guerra que tenía la Compañía en Inglaterra. Los enclaves de la Compañía en Bombay, Madrás y Bengala mantenían sus propios ejércitos con sus propios comandantes-en-jefe y tenían mayor contingente de tropas que el ejército del Imperio británico. En 1857 había 257 000 cipayos. y a los soldados británicos se les conocía como casacas rojas
La Compañía también reclutaba indios de otras castas diferentes a los brahmanes y los rayastaníes. Estos últimos son una casta guerrera de la parte occidental del norte de la India. En 1856 tropas de cipayos fueron a pelear en Birmania. La tradición hindú dictaba que aquellos que «atravesaban las aguas negras» perdían su casta en la comunidad hindú. Por esto los cipayos se antagonizaron muy profundamente al ser enviados fuera de India.
Los cipayos también estaban descontentos con varios aspectos de la vida militar. Si bien no estaban sujetos a ciertas normas exclusivas de los soldados británicos (como el castigo de azotes con látigo), la paga era relativamente baja y gozaban de pocas prestaciones. Cuando los británicos conquistaron Awadh y Punyab, los cipayos no recibieron la paga extra que representaba servir en estas regiones, por cuanto ya no se consideraban como misiones extranjeras.
El detonante de la rebelión fue, sin embargo, un nuevo fusil de avancarga. En efecto, por esta época el ejército fue armado con el fusil Enfield Modelo 1853. El cartucho de papel que utilizaba este fusil estaba cubierto por una membrana engrasada que debía rasgarse con los dientes para poder cargarlo en el fusil. Circulaba el rumor que esa grasa provenía de vacas o de cerdos, algo ofensivo tanto para los soldados hindúes como para los musulmanes, dado que consideraban el consumo de cualquier producto derivado de la vaca o el cerdo como algo prohibido por sus principios religiosos. Los británicos alegaron que la grasa no era de animales y trataron que los indios prepararan su propia grasa con cera de abeja o aceites vegetales. No obstante el rumor persistió. Inclusive se estableció un nuevo procedimiento mediante el cual el cartucho podía ser rasgado, no con los dientes, sino con las manos.
Por aquella época también se esparció el rumor entre los fieles hinduistas y musulmanes que el dominio británico «solo duraría cien años». Este dominio comenzó en 1757, tras la batalla de Plassey, lo cual aumentó la inquietud al acercarse el centenario de dicho evento.

viernes, 1 de febrero de 2019

ISABEL Y MARÍA, DOS REINAS A LA GREÑA.



             María Estuardo.

Isabel I de Inglaterra.

            ¿Qué es lo peor que le podía pasar a una reina católica en la Escocia del siglo XVI? Tener una prima también reina y, además, protestante en la Inglaterra de ese mismo siglo. La escocesa era María Estuardo y la inglesa, Isabel I, la reina virgen y con un genio endiablado ya imaginan por qué. El 1 de febrero de 1587 Isabel I de Inglaterra firmaba la sentencia de muerte de su prima María Estuardo. Ésa es la fecha oficial, pero, en realidad, la reina Isabel no firmó nada, todo el lío lo armaron sus consejeros, que al final ejecutaron a María Estuardo por su cuenta. Cuando Isabel I se enteró, casi se los come, porque ella no firmó una fecha para la ejecución.

                Tras la ejecución de María Estuardo de dos hachazos -el primero falló- lo que subyace es una monumental bronca entre ingleses y escoceses, entre católicos y protestantes, entre los que querían una unión de Escocia, Francia y España para que el catolicismo se impusiera en la isla británica y los que luchaban con uñas y dientes para que el protestantismo gobernara.

              Los Estuardo, queriendo reinar también en Inglaterra, e Isabel queriendo hacer lo propio en Escocia. Las dos altas, las dos pelirrojas; María más mona que Isabel, la verdad, e Isabel más envidiosilla que María, pero también más sabia y mucho más lista. Isabel, soltera y sola en la vida, porque un marido no servía para sus fines políticos; María, con tres esposos a cual más desastroso.

              Cuando María Estuardo no pudo con las argucias y la presión protestante en Escocia, cuando ya perdió hasta el favor de los católicos, abdicó y pidió refugio a su prima Isabel en Inglaterra. Isabel no se lo podía creer. La Estuardo... la que no había parado de conspirar para acceder al trono inglés... su enemiga número uno... ¿le pedía protección?

             Pues se la dio. La encerró en varias cárceles durante casi veinte años hasta que reunió suficientes pruebas en su contra. El final, ya saben, la decapitación. Se presentó ante el verdugo con un vestido rojo chillón, el color del martirio para los católicos, pero muy coqueto. Antes muerta que sencilla. Y menos mal que Isabel y María nunca se vieron las caras. Si se hubieran llegado a encontrar, se arañan.

NIEVES CONCOSTRINA.
HISTORIAS DE LA HISTORIA.